Sociedad civil y democracia

Sociedad civil y democracia

Es común, como ocurre por ejemplo con la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI), considerar que una sociedad civil fuerte es un componente importante en el desarrollo democrático de la sociedad. Con ayuda de un modelo en el cual la sociedad civil es uno de los cuatro sectores sociales examinaremos en este capítulo tres argumentos en pro de la importancia democrática del sector civil:

  • es una palestra para la organización independiente
  • genera confianza
  • es una palestra para los procesos democráticos

Y llegamos a la idea de que la principal contribución del sector civil a un desarrollo democrático de la sociedad es fomentar una actitud ciudadana hacia el poder y la responsabilidad.

El sector civil, una palestra para la organización independiente

Dependiendo de su función, cada agrupación social, desde organizaciones fijas hasta redes volantes, se sitúa en alguno de los siguientes sectores:

img4_1.png
  • La Administración ejecuta las decisiones políticas y se encarga de los servicios públicos.

  • La Industria y el Comercio producen bienes y servicios para los demás sectores.

  • La Familia es la unidad social básica de reproducción y consumo.

  • Las organizaciones y las redes de la Sociedad Civil son independientes de las organizaciones de los otros sectores y actúan con objetivos propios.

En la práctica la frontera entre los distintos sectores puede ser bastante difusa. Si intentamos, por ejemplo, situar una editorial comercial cuyas acciones pertenecen en su totalidad a una asociación sin fines de lucro, la editorial estará dentro del sector empresarial y la asociación en el sector civil; lo que ocurra en un sector se regirá por decisiones tomadas en el otro. O… ¿dónde situaríamos un partido político? Como organización debida a sus afiliados que, sobre todo, designa candidatos y conduce el programa de la  próxima campaña electoral, el partido estaría situado dentro del sector civil; pero si, tras ganar las elecciones, cubriera los puestos ministeriales y administrativos con sus  afiliados ¿no habría que situarlo más bien en el sector  Administración? Esta especie de lotería de fronteras ilumina y a la vez problematiza lo que muchos asocian ante todo con la sociedad civil: organizaciones independientes que vigilan a la Administración.

Históricamente, la lucha por constituir organizaciones independientes ha sido, a menudo, motor de desarrollo hacia gobiernos MoMD, como fue el caso de la organización sindical Solidaridad en Polonia en los años 70 y 80. O la lucha de los movimientos populares independientes en Suecia a finales del siglo XIX. En este sentido el crecimiento de una sociedad civil fuerte ha conducido a la consecución de gobiernos MoMD a nivel nacional.

La cuestión de cómo contribuir a un desarrollo tal en otras partes del mundo, mantiene ocupado a muchos organismos y organizaciones de cooperación internacional. También plantea un dilema: ¿Cómo puede un organismo oficial apoyar a organizaciones independientes sin crear dependencia? Tomar este dilema en serio es un primer paso para solucionarlo.

El sector civil, una palestra que genera confianza

La visión de la sociedad civil como palestra generadora de confianza triunfó en un  amplio frente con los estudios empíricos de Robert D. Putnam.[1] Esas investigaciones apuntan a que las personas que se encuentran y se relacionan desarrollan entre sí lazos que generan confianza y solidaridad. Si creemos que otros quieren colaborar, nosotros estamos más dispuestos a hacerlo. Se crea un capital social que favorece la democracia  y puede convertirse en desarrollo económico. Y al contrario: Si una mayoría de las organizaciones del sector civil pierde gran parte de sus miembros, como sucedió en muchos países desarollados en las últimas décadas del siglo XX – sobre todo en EEUU – aumenta la sensación de inseguridad, aislamiento y desconfianza respecto de los ajenos. El capital social disminuye.

Algunos interrogantes

Las investigaciones y conclusiones de Putnam han influido en las estrategias de desarrollo de muchos países. Al mismo tiempo se está produciendo un animado debate sobre cómo hay que entender la relación entre una sociedad civil fuerte y una democracia que funciona. Tomemos dos ejemplos:

  • ¿En que dirección van la relación? Los suecos por ejemplo, comparados con otros países, tienen una gran confianza en su Administración, mientras que su confianza en el gobierno representativo es mucho menor. Esto indica que la Administración es el factor más importante. Si ésta funciona razonablemente bien y da seguridad en cuanto a los derechos, se estimula el crecimiento de un capital social.[2]
  • Hay organizaciones que arruinan el capital social, por ejemplo, Los Ángeles del Infierno. ¿Pertenecen ellos a la sociedad civil? Si. Pese a su estructura oligárquica, con líderes fuertes que dominan a miembros subordinados, no deja por ello de ser una organización independiente que busca favorecer un determinado estilo de vida, sirviendo de modelo para muchas otras bandas juveniles más o menos violentas. En esos grupos se exige una fuerte lealtad. Con ese capital cohesionador provocan miedo e inseguridad entre las personas no pertenecientes a la banda lo que, a su vez, arruina el capital conciliador que hace que grupos y clases diferentes vivan en paz, o que personas con distintas opiniones se soporten.

Este ultimo ejemplo plantea una cuestión de política: ¿Las organizaciones del sector civil tienen que ser más o menos democráticas – medidas con arreglo al salvavidas – para contribuir a un desarrollo social democrático y por ello ser apoyadas? ¿Basta realmente con que no empleen la violencia ni sean delictivas?

El sector civil, palestra de procesos democráticos

El poder decisorio en la Administración y en la Industria y Comercio está normalmente limitado a los grupos dirigentes. Se trata de unidades administrativas o unidades orientadas a obtener resultados, en las que valores como competencia y efectividad están institucionalizados. En lo que a la Familia se refiere, los padres son los tutores de los hijos jurídicamente y, en la mayoría de los casos, también en la vida cotidiana. Por ello las agrupaciones en el seno de esos sectores sociales raramente se rigen por principios democráticos. En el sector civil, por el contrario, la gente puede asociarse libremente en pro de sus propios objetivos. Si se consideran personas iguales y autónomas, serán asimismo libres de elegir una forma democrática de dirigir su organización.

Libres, no obligados. Es discutible si en el sector civil los procesos democráticos son los más corrientes. A menudo se pueden alcanzar los objetivos con mucha mayor flexibilidad cooperando en una red más anárquica.

El proceso democrático, un programa de entrenamiento para la tolerancia

Cuando se le pregunta a la gente qué es lo que más aprecia de la democracia, la respuesta más frecuente es la participación.[3] El sentir pertenencia a una comunidad es también, en la práctica, condición necesaria para superar con éxito el programa de entrenamiento en tolerancia que puede implicar un proceso democrático.

La mayoría de los que han participado activamente en una asociación pueden testificar cómo, a veces, tuvieron que acomodarse, renunciar a cosas importantes o tomar en consideración a personas incómodas; y cómo hay ocasiones en las que, a pesar de todos los esfuerzos, no se consiguió llegar a un consenso. Y cómo, cuando lo único que quedaba era votar la cuestión, quizás, para colmo, perdieron la votación.

Esas fricciones y frustraciones se evitan en una red, que no toma decisiones colectivas vinculantes. También se puede tomar a la ligera los principios democráticos y dejar que la asociación sea dirigida por un líder fuerte quien determina que intereses tienen preferencia. En ambos casos se pierde el reto personal al que se ven enfrentados los miembros de un proceso democrático: aprender a aceptar que las posiciones de otros puede ir en contra de uno.

Afiliación abierta

Un aspecto de la sociedad civil, emparentado con su condición de palestra democrática, esla afiliación abierta. Una organización cerrada – que selecciona a los nuevos miembros siguiendo premisas propias o que contrata a los nuevos colaboradores al margen de criterios de competencia – es siempre discriminatoria en uno u otro sentido. Una organización abierta a todo aquel que comparta sus objetivos es tan incluyente cuanto es posible llegar a ser si también se tiene en cuenta los intereses de cada uno de sus miembros. Cualquiera puede ser miembro y decidir por sí mismo el alcance de su implicación: uno puede elegir participar activamente o bien ser representado por un órgano directivo electo en cuya composición y política puede influir como miembro de pleno derecho en las juntas anuales.

Este aspecto representativo se olvida a menudo, pero es eso lo que hace a la organización portavoz legítima de un interés social grande o pequeño dependiendo del número de miembros. Estas son malas noticias para los activistas de las redes que van por libre y tienden a identificar su dedicación con el bien de la sociedad. ¿A quién representan si no es a sí mismos? Sus objetivos pueden ser encomiables y merecedores de apoyo, pero no exactamente por sus fundamentos democráticos.

Si nos tomamos en serio el principio de afiliación abierta obtendremos consecuencias sobre qué tipo de organizaciones del sector civil deben ser sujeto de colaboración y ayuda por parte de un organismo oficial. Esto plantea también un dilema a las organizaciones de ayuda profesionales: ¿Cómo puede, por ejemplo, una fundación asistencial  argumentar que las organizaciones a las que va apoyar tienen que ser abiertas, cuando la propia fundación no lo es?

Poder y ciudadanía

Cuando una asociación que quiere ser democrática se constituye, en la práctica se sella un pacto que implica que las estructuras de poder imperantes – ya estén fundamentadas en el dinero, el sexo, la formación, las clases u otro recurso cualquiera – no pueden dictar una resolución en las decisiones tomadas conjuntamente. Esto es, en el fondo, en lo que se fundan los principios de Igual trato y Autonomía personal.

Es ésta una posición radical, pero no por ello utópica. Existen – al menos a nivel organizativo – métodos relativamente sencillos para hacer algo con las carencias de las distintas fases del proceso. Pero son discutibles. Tales medidas suponen siempre una redistribución del poder: algunos miembros tendrán menor influencia de la que solían tener y otros la tendrán mayor. Pero el hecho subsiste: el proceso democrático es un juego cuyos triunfos son los principios igualitarios y en el sector civil al menos no hay obstáculos institucionales para jugar esas cartas.

Las organizaciones independientes con un tipo de afiliación abierta e igualitaria dan ocasión a que las personas ejerciten y compartan el poder con otros en cuestiones que les son cercanas. Esas experiencias ciudadanas son, con mucho, la aportación más importante del sector civil a un desarrollo social democrático. Favorecen una perspectiva ciudadana también cuando se trata de cuestiones que se resuelven a nivel nacional o internacional.

 

[1] Robert D. Putnam, Para hacer que la democracia funcione, Galac 1993
Robert D. Putnam, Solo en la Bolera, Galaxia 2000

[2] Bo Rothstein, “Social Capital in the Social Democratic State. The Swedish Model and Civil  Society”,  Politics and Society 29, 2001

[3] Véase Sobre democracy.se

Share:Email this to someoneShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPrint this page
Publicado en Fondo